María Victoria Gómez Profesora del Departamento de Ciencia Política y Sociología Universidad Carlos III de Madrid
El objetivo de mi ponencia es comentar algunas cuestiones que gravitan en torno a la conciliación de vida laboral y familiar. Quiero comenzar centrándome, fundamentalmente, en la asimetría de la que nace el propio concepto de conciliación y en cómo dicha asimetría se intensifica y cobra más fuerza en el caso de los colectivos más desfavorecidos. Paralelamente, haré referencia a la dificultad de que las medidas “conciliadoras” dirigidas a mitigar la situación de desequilibrio de las familias entendidas en sentido genérico, repercutan positivamente en aquellos colectivos. No obstante, debo dejar claro que en las investigaciones que hemos realizado desde el Departamento de Ciencia Política y Sociología de la Universidad Carlos III, hemos constatado repetidas veces las dificultades de obtención de datos que proporcionen información clara sobre la realidad de la conciliación en nuestro país . Los obstáculos, como cabría esperar, se multiplican cuanto más concreto es el objeto de investigación, lo que implica que, en mi exposición, la referencia a las familias en situación de dificultad social, será más bien limitada y siempre enmarcada en el contexto del análisis de la conciliación de vida laboral y familiar en términos generales. El concepto de conciliación muestra un contenido positivo que no termina de definir bien el escenario de contradicción y desencuentro sobre el que se asienta. En general hace referencia a una relación equilibrada entre los ejes que delimitan de forma más clara nuestra existencia: vida laboral / vida familiar o trabajo remunerado / trabajo no remunerado, aunque también cabría incluir otras facetas de nuestra vida cotidiana, como el ámbito de la interrelación social, el del ocio y el descanso y, en general, ese conjunto de actividades que entendemos necesario y satisfactorio para la realización de nuestro proyecto de vida. Hemos de conciliar el ámbito del trabajo y el ámbito familiar, la dimensión profesional y la vida privada.
¿De dónde nace esta necesidad de conciliar o compatibilizar la vida laboral y la vida familiar? De la drástica transformación que experimenta la sociedad, por la cual se trastoca la organización basada en la estructura familiar tradicional, es decir, la conformada por padre, madre e hijos, y asentada sobre una clara división sexual del trabajo que destina la actividad remunerada al hombre y promueve la consagración a las actividades reproductivas, tanto trabajo doméstico, como cuidado de los hijos y miembros dependientes, a la mujer. El marco de esta organización posee un carácter rígido mediante el cual los parámetros de tiempo y espacio de ambas esferas no interfieren ni se interceptan, por lo que no requieren ser armonizados, compatibilizados o “conciliados”. Como resulta de todos conocido, esta situación cambia en las últimas décadas con la incorporación masiva de las mujeres al mercado de trabajo. El contexto inicial desaparece y es sustituido por otro en el que entre esas esferas, hasta entonces separadas, comienza a surgir tensión y desencuentro. La mayor parte de los países europeos se inscriben en esta trayectoria, aunque con distinta cadencia y características según sus propias particularidades, en términos de desarrollo del Estado de bienestar, cultura igualitaria, capacidad económica y valores sociales. Hemos de añadir que la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo se considera necesaria para el desarrollo económico y desde ese punto de vista es impulsada desde las instancias de gobierno . Por otra parte y dada la vinculación entre la participación de las mujeres en el mercado de trabajo y el descenso de los índices de fecundidad, también desde las mismas instancias, se considera necesario que las mujeres no renuncien a su papel potencial de madres. Se trata de evitar que ante lo que podría presentarse como la elección entre trabajar y tener hijos, las mujeres decidan optar por lo primero y eliminen, restrinjan o retrasen demasiado el momento de la segunda opción. [...] 
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