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Buenas Prácticas en la Inclusión Social

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Situación actual y perspectivas de la estrategia de Lisboa de inclusión social Imprimir E-Mail
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Juan C. Mato Gómez
Subdirector General de Programas de Servicios Sociales
Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales

Buenos días a todas y a todos, muchas gracias por la invitación para participar en este espacio que habéis generado y donde periódicamente estáis promocionando Buenas Prácticas en la inclusión social. Para llevar a cabo Buenas Prácticas, sin lugar a dudas, es esencial la complicidad, la política y el aprendizaje mutuo como elementos esenciales en el proceso de cambio. Es esencial, hacer visibles las Buenas Prácticas para aprender de las experiencias y después transferirlas a cada situación concreta. Se trata, por lo tanto, de un procedimiento de aprendizaje. Aunque sólo en los últimos años se ha sistematizado de una manera que facilita a todos identificar aquellos puntos fuertes, desarrollando una experiencia empírica más allá de la retórica.

En cualquier caso voy a centrar mi exposición en el tema que nos reúne: la situación actual y las tendencias relativas a la inclusión social en Europa, y más en concreto, desde el enfoque denominado de la Estrategia de Lisboa que se ha celebrado en el año 2000. Bien, si me permitís, voy a resumir muy brevemente mi intervención: Una primera parte centrada en los antecedentes del 2000, en la Estrategia de Lisboa que se inicia en 2000 hasta primavera de 2005 y cuál ha sido la evolución desde el 2005 hasta hoy.

Respecto a los antecedentes, hasta el Acta Única Europea en 1987, no hay una formulación clara y contundente de una construcción de “algo europeo”, que se inicia cuando concluye la II Guerra Mundial, que es la cohesión económica y social. El Acta Única consagra los principios de esta cohesión económica y social. De alguna manera, el horizonte europeo tiene que estar basado sobre esos dos pilares básicos. Si os fijáis, la primera observación que hay que hacer aquí es que no hay pleno empleo todavía. Se ha hablado de cohesión económica y social y estamos en una época turbulenta en relación al empleo. Algunos países como España estábamos en el centro de los procesos de cambio en cuanto a reformación económica, de reconstrucción y reforma del tejido productivo.

 En 1993, con el Tratado de Maastrich, se profundiza en este aspecto. Por una parte, se construye la Unión económica y monetaria, y por otra parte, se refuerza también la de la cohesión. Mas declarativo que otra cosa, aunque hay nuevas competencias que refuerzan la cohesión desde el punto de vista de este tratado, pero, en cualquier caso, lo que queda pendiente es una cuestión evidente y es que es imposible ver Europa a trozos, el trozo de la Unión económica y monetaria por un lado y el resto por otro. Es decir, los cambios de la Unión económica y monetaria arrastran necesariamente a todos los demás,  aunque la Unión Europea no tenga competencias en muchas de esas materias, principalmente las que se refieren a protección social.

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