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Buenas Prácticas en la Inclusión Social

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Taller de personas drogodependientes Imprimir E-Mail
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Cruz Roja Española

De los temas que han ido surgiendo en este taller, dos han sido lo que más han acaparado la participación de la mayoría: el de las dificultades para encontrar un trabajo en buenas condiciones, teniendo en cuenta que casi todos y todas tienen algunas dificultades de salud, y el del temor a las recaídas. En relación al primero, la mayoría ha trabajado alguna vez en su vida, algunos tienen bastante experiencia laboral e incluso formación, pero la adicción les ha llevado a abandonarlo todo y después de muchos años se encuentran sufriendo las consecuencias de este “abandono” (como una de ellas llega a comentar). Entre estas consecuencias se encuentran -además de la falta de “entrenamiento” en los códigos del mundo productivo-, los estigmas físicos. Una larga dependencia a la heroína ha provocado diferentes problemas de salud (además de los derivados del VIH en algunos de los casos), así como la mala alimentación, el paulatino abandono que conlleva vivir períodos largos en la calle, la falta de higiene y, por lo tanto, el deterioro del sistema inmunológico. Una espiral de agresiones al cuerpo que termina en un estado de salud muy precario.

Las personas participantes nos muestran sus “marcas” corporales, los signos de los métodos de consumo de la heroína, las consecuencias de las enfermedades y de sus tratamientos en la boca (dientes), manos, delgadez, postura, lentitud de movimientos, etc. Manifiestan que son conscientes de que estos estigmas producen rechazo y desconfianza y piensan que esta es una de las razones por las cuales no encuentran trabajo.

Entre quienes los signos físicos no son significativos, encontramos, a su vez, otros problemas. Por ejemplo, intuyen que el argot que utilizan por haber estado años viviendo en un medio específico caracterizado por la drogodependencia, el “trapicheo”, la continua ida y venida a barrios degradados, etc., puede ser otro de los factores que hace que “sean reconocidos como drogadictos” y tengan nulas posibilidades de ser contratados. Finalmente, están quienes no tienen signos físicos y tampoco utilizan este argot particular e, incluso, tienen experiencia laboral y formación, pero también experimentan la falta de oportunidades. Se trata de personas que, debido a que se encuentran en programas de deshabituación que necesitan un control médico periódico, son rechazadas por sus empleadores debido a las ausencias laborales. Ello coloca a la persona en una disyuntiva, ya que para hacer el seguimiento del programa en el que se encuentra, necesita pedir permisos y eso supondría comunicar en su empresa que tiene o ha tenido problemas de adicción. Tal como nos dice una de nuestras participantes, ella ya se ha planteado el compromiso de dejar la dependencia a la sustancia, pero necesita mucho apoyo y, por lo tanto, es preciso también asumir que puede haber recaídas. El proceso de deshabituación puede llegar a ser largo y cargado de obstáculos, lo cual exige seguimiento, comprensión, apoyo e incentivos fuertes. Las empresas que siguen un enfoque de recursos humanos convencional no asumen las peculiaridades de este tipo de trabajadores, que necesitan tiempos diferentes y menor exigencia . Sólo una mujer de este taller ha podido encontrar un trabajo donde se ha tenido en cuenta su circunstancia personal: en una ONG.

 

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