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Buenas Prácticas en la Inclusión Social

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Taller de personas enfermas de vih-sida Imprimir E-Mail
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Cruz Roja Española

La cuestión que aparece con más frecuencia y que más afecta a las personas seropositivas o enfermas de SIDA es la que atañe a la soledad derivada del rechazo social al que se ven abocadas, según ellas mismas, por la ignorancia que existe a nivel generalizado en relación al VIH. Esto nos hace pensar en cómo se difunden las campañas de sensibilización que buscan informar a la gente acerca de la prevención del VIH y la prevención de la discriminación de quienes lo padecen.

Las personas participantes en el taller provenían en su mayoría de medios donde la drogodependencia y la exclusión social eran moneda corriente. Ello se debe básicamente al hecho de que han sido contactados a través de un servicio prestado por Cruz Roja, al que acuden personas sin recursos familiares, sociales, económicos, laborales, etc. Es importante hacer notar que muchas personas seropositivas se encuentran en otros estratos y redes sociales. Por ello, las conclusiones que aquí se presentan deben ser consideradas específicas de una contingencia particular: VIH asociado a drogodependencias, prostitución, exclusión económica y social, cárcel...

El estigma físico en el caso de algunas de las personas que asistieron a este taller se veía resaltado por las trayectorias de drogadicción y cárcel. Sin embargo, se suele asimilar estas marcas corporales al SIDA, lo cual contribuye a señalar a las personas drogodependientes como “colectivo de riesgo”. Además, el estigma físico, unido al deterioro y la debilidad o lentitud de movimientos son usados como “marcas” de diferencia por parte de la gente para no acercarse, no prestar ayuda, evitar el contacto..., en definitiva, estigmatizar y abandonar. Esto es muy bien conocido por quienes son aislados. Estas conductas de evitación contribuyen a que las personas seropositivas y/o drogodependientes con trayectorias de exclusión social también se consideren a sí mismas como “colectivo” dentro de la identificación identitaria del nosotros:

“nosotros nunca hemos faltado el respeto de esa manera...”; “nosotros teníamos más respeto, ¡que no hacíamos daño por la cara!”; “hay más violencia entre las personas que no consumen ningún tipo de drogas que entre las que consumimos”; “el drogadicto era mucho más noble”, etc. Identificación que tiene como función la de dignificación en base a una diferencia con otros que presentan conductas “menos nobles”, “más violentas”.

Esta construcción identitaria reivindica una posición ética que pretende luchar contra el permanente rechazo social. Y hemos encontrado este mismo proceso de diferenciación en el taller de personas sin hogar. En aquel, los participantes se configuraban en un “nosotros” diferenciándose precisamente de “los drogadictos” para reivindicar un espacio (el del albergue y del comedor) propio.

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