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Buenas Prácticas en la Inclusión Social

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Taller de jóvenes con adicciones en zonas rurales Imprimir E-Mail
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Cruz Roja Española

En un reciente estudio sobre los jóvenes españoles, se destaca que el ocio juvenil es un espacio vital cuyo valor ha ido en ascenso durante la última década; hace diez años el ocio era considerado muy importante por un 85%,  en la actualidad lo es para el 92%. Otro aspecto importante es que los jóvenes son el sector de la población que disfruta de más tiempo libre y de ocio que ningún otro grupo de edad.

La vida social y el ocio juvenil giran alrededor de los fines de semana. Según los datos del estudio, el 50% sale todos o casi todos los fines de semana, aproximadamente una cuarta parte sale con cierta frecuencia,  sólo el 19,3% lo hace con poca frecuencia. El horario de las salidas nocturnas es más dilatado, más del 40% de los que salen –tanto chicos como chicas- regresa después de las 4 de la mañana.

Existe un sector de jóvenes españoles que representa entre el 15 y el 25% que valora positivamente la asociación de diversión y drogas (entre 500.000 y 1 millón). Otro aspecto importante es el de la uniformidad de estas conductas, ya que no se observan diferencias significativas entre ámbitos urbanos o rurales, entre comunidades autónomas, o entre hombres y mujeres. Incluso la identidad religiosa parece influir de forma bastante moderada en la diferenciación de las actividades de ocio.

Los jóvenes participantes del taller encajan perfectamente en la descripción anterior. Dice Augusto, con el asentimiento del resto,

"En mi pueblo la gente está mentalizada en salir y consumir”. Insiste. “todo el mundo, en mi pueblo es todo el mundo".
 
También hay algunos matices propios del entorno rural y de las comunidades pequeñas. Dice Carlos: -“En mi pueblo hay lo normal (...) Pero a mí cuando se me hacía corto mi pueblo, me iba a Alcañiz, a otros pueblos”. Está la cuestión de las apariencias y de la visibilidad.

Francisco: -“Cuando ya te pones un poco... que se podía notar algo, ya desaparecemos del pueblo”. Araceli comenta que su vida era “en un zulo de escondite de botellines, de whisky, de lo que fuera”. Agustín dice: -“Es que mueves nada y todo el mundo lo sabe”.

Resulta difícil ocultar el consumo cuando excede lo que continuamente el grupo de participantes denominaba “lo normal”. Aparentemente, la normalidad se circunscribe a un consumo de fin de semana y ciertas fiestas, pero no durante el resto de la semana y en el trabajo. Sin embargo, todos coinciden en considerar que no se puede poner freno al proceso y que, lo que comienza siendo puntual, se convierte en habitual. –“Ojalá lo supiera hacer”, reflexiona Javier.

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