Irene López Investigadora del Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación de la UCM1. De lo cuantitativo a lo cualitativo El título “calidad de la participación” se debe a una preocupación sobre la necesidad de poner el énfasis en los aspectos cualitativos de la participación para comprender la dimensión de género: no se trata tanto de que haya más mujeres u hombres participando numéricamente en cualquier proceso, proyecto, política, programa o intervención social, sino más bien, se trata de preguntarse sobre la calidad de su participación y ésta, indudablemente se ve afectada por género, entre otros factores de la identidad y circunstancias personales o sociales,. Por ejemplo, tradicionalmente hemos observado cómo buena parte de los proyectos sociales han sido de corte asistencialista, centrados en un enfoque del bienestar para el cual las mujeres son meras receptoras pasivas de asistencia, servicios, bienes o donaciones y percibidas exclusivamente como responsables del bienestar de sus familias e instrumentos de tal bienestar. Desde esta perspectiva, se las concibe únicamente en su rol reproductivo, como únicas responsables del cuidado de los hijos y de las tareas del hogar. Su participación en los proyectos se concibe en este caso sólo en su calidad de madres o responsables del ámbito reproductivo, lo que coarta sus oportunidades de expresar opiniones o intervenir en otras áreas de su interés, mucho más acorde con la realidad de la vida en cualquier sociedad, donde las mujeres desempeñan actividades tanto en el hogar como el ámbito del trabajo productivo, aunque en este caso en muy peores condiciones que los hombres y donde las mujeres no son sólo parte de una familia, sino que también tienen derechos y anhelos propios.
La calidad de la participación también tiene que ver con el voluntariado y el voluntariado tiene una lectura de género innegable. Tradicionalmente el desempeño de las acciones de benevolencia o voluntarias ha estado ligado con el colectivo femenino. ¿Qué puede explicar esta circunstancia? Si la mayor parte del trabajo de las mujeres (en número de horas) ha sido trabajo doméstico y éste no es considerado portador de valor económico, es lógico pensar en la tendencia de las mujeres a realizar un tipo similar de tareas (sobre todo aquellas que representan el cuidado de las personas dependientes) de manera también gratuita, en este caso, con carácter solidario. Así se explica cómo la participación como voluntarias o con menor remuneración es una tendencia propia de las mujeres. ¿No sería interesante dignificar, valorizar, dar importancia y mayor poder a este tipo de participación? ¿No significaría ello promover el empoderamiento de las mujeres y de los hombres que realizan un trabajo asimilable?. La participación remunerada no significa que sea la más importante, ni siquiera que responda a una mayor cualificación. Es más, las diferencias en la remuneración de las mujeres respecto de los hombres en Europa en el mercado laboral, que se sitúa en un 70% aproximadamente de las trabajadoras respecto de los trabajadores, se produce incluso cuando ambos realizan el mismo trabajo o trabajos de igual valor. [...] 
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