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Buenas Prácticas en la Inclusión Social

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¿Hay cabida para la dimensión social en la estrategia de Lisboa reformada? Imprimir E-Mail
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JUAN CARLOS MATO GÓMEZ
Director General de Programas de Servicios Sociales,
Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales

Agradezco una vez más la invitación a participar por quinto año consecutivo en este Seminario sobre Buenas Prácticas, organizado por Cruz Roja Española. Seminario que por su trayectoria ya va teniendo sus frutos y sus productos documentales, que sirven de referencia para muchas Organizaciones no Gubernamentales (ONG).

Las Buenas Prácticas, su identificación y su transferibilidad (incluyendo en ellas desde las políticas más globales hasta las experiencias más concretas de actuación sobre la realidad), constituyen una herramienta cada vez más valorada. Los grandes paradigmas de los años sesenta, setenta e incluso ochenta, centrados más bien en enfoques teóricos y que constituían el eje de vertebración de la intervención social, han pasado de una visión más teórica, quizás anglosajona, a un enfoque más empírico, más centrado en la práctica social. Se ha visto necesario ir al terreno para demostrar las teorías. No basta que exista un principio o unas orientaciones generales que sean explicativas de toda la realidad; esas visiones tan holísticas interpretan la realidad de una manera comprensiva y por ello se han demostrado limitadas.

Así, es desde una perspectiva epistemológica empírica desde donde nos situamos actualmente en relación a algunas prácticas, desde la sencillez de lo concreto, pero desde la opción de demostrar que una práctica es eficiente en un contexto determinado y con unas personas determinadas. Es decir, hoy nos centramos en la cuestión de si una política pública –enmarcada en un contexto territorial, regional, nacional o europeo-, es una buena práctica, basándonos en el criterios que nos ayudan a determinar si está enfocada de manera adecuada, si da resultados, si mejora las condiciones de vida de las personas… En definitiva, nos preguntamos por el objetivo último de las políticas públicas.

Pues bien, este enfoque de las buenas prácticas tiene una clara orientación hacia lo empírico, hacia lo demostrable y hacia lo transferible. Se trata de una orientación centrada en la práctica y en el aprendizaje mutuo. Y, como ya lo hemos puesto de manifiesto en todos los Seminarios sobre Buenas Prácticas, este es uno de los ejes de trabajo de las políticas europeas, especialmente de aquellas que están situadas en el marco del empleo y de la protección social.

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