Skip to content

Buenas Prácticas en la Inclusión Social

Narrow screen resolution Wide screen resolution Increase font size Decrease font size Default font size
Inicio arrow Publicaciones arrow Artículos 2006-2007 arrow Exclusión social en trabajoras del sexo: la gestión individual de los riesgos
Exclusión social en trabajoras del sexo: la gestión individual de los riesgos Imprimir E-Mail
Calificación del usuario: / 4
MaloBueno 

Silvina Monteros Obelar
Investigadora ESCODE

La exclusión social es una realidad que produce situaciones muy dolorosas para las personas que la padecen. Debido a ello, existe todo un dispositivo complejo de lucha contra la exclusión que en los últimos años ha venido primando la atención personalizada y especializada. Ambos principios de la atención social suponen un avance sobre aquellos dispositivos asistencialistas y generalizadores. Sin embargo, centrarse en colectivos de “excluidos” y en individuos, está llevando a unos resultados ambiguos, y es que podría llegar a considerarse que los problemas no son sociales sino individuales y, por tanto, ocultar los factores estructurales que están en la base de la exclusión social. Factores que, por otra parte, si no son puestos en cuestión, no permitirán que la exclusión deje de existir.

Por tanto, generalmente se interviene sobre las personas en programas de inclusión social que procuran incluirlas en una sociedad que las vuelve a arrojar a la exclusión. Muchos programas de intervención social ponen el acento en los individuos y no en las causas de su dolorosa situación. Además, todo ello se tiende a hacer sin contar con la palabra de los y las “beneficiarias”, pese a las diversas recomendaciones en materia de participación de personas afectadas propuestas por la Estrategia de Lisboa y los Planes Nacionales y Autonómicos de Inclusión Social (Cruz Roja Española, 2005). El mero hecho de denominar “beneficiarias” a las personas objeto de intervención de los proyectos sociales, da cuenta de su no consideración como co-diseñadores y co-responsables de estos (Malgesini, 2005), es decir, como actores sociales.

El no reconocimiento de las personas como agentes sociales de desarrollo, producción y reproducción las constituye en sujetos pasivos de la intervención. Su capacidad de agencia y empoderamiento queda invisibilizada.

Este modo de gestionar los riesgos sociales (Castel, 1984) no es más que una forma de despotismo ilustrado (AAVV, 1989: 15) cuyo trasfondo podría expresarse en el “todo por los excluidos pero sin los excluidos”.

El debate en torno a la prostitución y las prostitutas en España –resignificado y reeditado por la llegada de mujeres inmigrantes en los últimos 15 años- es el ejemplo más claro de lo que acabamos de introducir: no hay otro colectivo (si es que se puede llamar colectivo a las personas que ejercen la prostitución) que sea tan silenciado en los medios de comunicación, en el mundo académico y en la intervención social, pese a los debates que suscita.

[...]

Image

 

Comentario[s]

Escribe tu comentario
Nombre:Invitado
Título:
Comentario:

Powered by AkoComment 2.0!

 

Recibir boletín